lunes, 13 de septiembre de 2010

Oda al abanico

El domingo estuve en Torreciudad participando en la Jornada de la Familia. Todas las sillas que se ven en la foto estaban llenas de gente. Para llegar a tiempo salimos en autobús a las 5 de la mañana... y volvimos al filo de la medianoche ¡Uf!, pero valió la pena. Hizo un día espléndido y durante la Misa el sol pegaba bien, así que había que buscar alguna sombra -cosa difícil- o cubrirse la cabeza. Cuando estaba a punto de derretirme al sol... de una fila de atrás, me pasaron un abanico, con la excusa de que les sobraba. Yo, que en mi vida he tenido un abanico y que más bien lo consideraba un producto trasnochado, comencé a usarlo frenéticamente y a mirarlo como un tesoro. Me di cuenta de que tenía unos trazos de pintura blanca y, al cerrar el abanico, descubrí que todos juntos formaban dos letras en una tipografía bastante cursi "E" y "C", así que me pasé el resto de la Misa rezando por la pareja, pues estaba claro que era un regalito a los asistentes a una boda. Gracias al abanico, pude enterarme de la homilía -por cierto, muy buena- y concentrarme más en la Eucaristía. Así que puedo decir que la familia E-C fue mi mejor aliada de la jornada y se lo devolví en oraciones. También devolví el abanico a la fila de atrás: desde ahora miraré estos objetos con más respeto.

2 comentarios:

Altea dijo...

¡Ja, ja! Pues para mí el abanico es una elemento de alta seguridad. Llevándolo en el bolso en verano voy tranquila a todas partes.
Me alegro de que resultara un buen plan. Todavía no he tenido ocasión de hablar con alguien de los que han ido.

Marta Salazar dijo...

tampoco usaría abanico por ningún motivo ;) te encuentro razón :) está super pasado de moda ;)

super bueno que lo hayas conservado, ya que la gente de lo entregó con muy buena intención ;)

al parecer, el abanico llegó a Espana desde Oriente... como tantas otras cosas (aunque hay gente que lo niega),

saludos