viernes, 16 de julio de 2010

Ligeros de equipaje

Hace tres días me llamó mi madre. Estuve con ella el fin de semana pasado y, entre otras cosas, miramos zapatos y bolsos, porque yo necesitaba uno, pero la tienda estaba cerrada. El martes llamaba desde allí, porque ella ya se había comprado los zapatos y quería comprarme el bolso. "No me digas que no", repetía... así que no me pude negar.
Mi madre sabe que normalmente no me suelo quedar con los regalos que me hacen. Tomé esa decisión hace años porque quería evitar llegar a asfixiarme con las cosas. Para un numerario o numeraria, vivir el desprendimiento de lo material, en plena ciudad, con un trabajo y necesitando medios a diario no es fácil, así que quizá fui un poco drástica en la pobreza, pero no me arrepiento. Por otra parte, muchas veces me da risa cuando me paro a pensar todo lo que habría acumulado en estos años si a todo hubiera dicho que sí: una bici estática, un Nissan Micra con más de quince años, un vespino, un abrigo de piel, un casco compacto, un curso completo audiovisual de francés y de inglés, muchas novelas, varias raquetas, collares, bolsos, y etc. etc. ¿Cómo me metería cada noche en una habitación de 2 x 3? o ¿Cómo me habría organizado los aproximadamente diez cambios de centro que llevo desde que soy del Opus Dei? A estas alturas, casi seguro que habría puesto una empresa de mudanzas...
PD: este bolso sí que lo necesito y me lo quedaré.

6 comentarios:

Dyas dijo...

No entiendo ese "desprendimiento de lo material" si lo que necesitas te lo quedas y el resto lo das. Salvo buhoneros, es lo que hacemos todos.
Saludos cordiales.

Angi Burt dijo...

Muchas de esas cosas eran necesarias, Castilla, no el abrigo de piel, claro. Otras, como el bolso, no estoy segura de que se ajusten a mis gustos, pero ahí está la gracia del asunto.
Saludos también.

Anónimo dijo...

Me ha gustado como lo cuentas. Ayer leí el evangelio del joven rico, no hace falta tener tierras y bienes, cada uno tenemos nuestras cosas que hace que nos cueste seguir a Jesús, porque somos así.

Dyas dijo...

Sí, entiendo muy bien la gracia del asunto.
+ Saludos.

Fernando dijo...

Hola, Angi. Creo que haces lo correcto. Cuando uno tiene las cosas es muy difícil tener con ella una relación de desprendimiento, rápidamente las coges cariño y se te hacen imprescindibles, por ejemplo los libros. Así lo he visto en mucha gente consagrada: la mejor forma de no apegarte es no tenerlas, como haces tú.

mvaldesa dijo...

Hola Angi! Que entretenido es tu blog y que bueno que lo hayas actualizado :)
saludos desde Chile :D

Vale