lunes, 31 de mayo de 2010

Nueva edición del Tour

El jueves tuve una imagen gráfica de la felicidad. No coincide con ésta, pero casi. En pleno Madrid y cerca de las nueve de la noche, un padre pedaleaba, mientras daba una vuelta a su hija, que no tendría más de cuatro años, en una de estas sillas. Nos cruzamos en un semáforo y me resulta difícil describir la felicidad y la seguridad que se reflejaban en sus facciones. Me acordé de la filiación divina, uno de los puntos en los que se apoya el modo de vivir en el Opus Dei. Considerar a menudo que soy hijo de Dios y Dios es el que pedalea, el que mantiene el equilibrio... y no voy a decir que el que saca el blog, porque con el retraso que llevo sería feo, pero vamos a ver si me da la energía y no se me vuelve a calar... ¡hola!