domingo, 17 de enero de 2010

Libertad y servicio

Estos días leía las necrológicas que se han dedicado a Antonio Fontán, un fiel del Opus Dei conocido por sus actuaciones públicas en diversos campos, incluida la política. El recuerdo más cercano que tengo de este gran maestro se remonta a hace tres años, cuando asistí una conferencia suya en el IESE para periodistas jóvenes. Supongo que hablaría del compromiso con la verdad, del servicio público y de tantos otros rasgos de la profesión cuando se vive en serio. Pero de eso no recuerdo especialmente nada. En cambio, hay algo que no he olvidado: Fontán cambió su dedicación a la Filología cuando en una incipiente Universidad de Navarra necesitaban que alguien pusiera en marcha la Escuela de Periodismo. Sin ninguna tragedia, abandonó a los clásicos por la información de actualidad... Un rasgo generoso, de servicio, que él narró como de pasada, como si fuera lo más normal. Años después, cuando aquel proyecto se encarriló, pudo dedicarse a otros muchos asuntos, como la política o la literatura.
Su gesto es un ejemplo de lo que ocurre tantas veces. Los numerarios tenemos total libertad en los asuntos profesionales, pero precisamente nuestra mayor disponibilidad hace que podamos dar esos giros vitales cuando alguna iniciativa apostólica lo requiere. No significa que no cueste, pero es una reacción lógica en quien quiere mantener el sentido que un buen día dio a su vida para seguir a Jesucristo. El servicio a la sociedad y a sus amigos que los periodistas destacan en sus notas me parece a mí no fueron en Antonio Fontán más que una continuación de aquellas decisiones generosas de su juventud.

2 comentarios:

Dyas dijo...

Sería un gran tipo, pero no lo conocía.

Dyas dijo...

Pues me cuentan que: "Porque en el cielo no hay disgustos, si no, mayúsculo sería el que se habría llevado Fontán al encontrarse Allí con Franco..."