La costumbre del belén la llevan los cristianos allá por dónde van. Una de las numerarias que llegaron a Kenya en 1960 me contó que tuvo que pedir a su familia un belén a toda prisa, porque allí era imposible encontrar uno. Las figuras llegaron en un avión poco antes de la Nochebuena, tras rogar a un piloto que no las dejara en tierra... Con esa experiencia algunas numerarias y numerarias auxiliares enseñaron a varias personas a modelar figuras y el año siguiente ya había belenes made in Kenya en otras muchas casas. Hoy, en Kianda School graban CDs de villancicos como en tantos colegios.La historia se repite. En Kazajstán los de la Obra han estado varios meses construyendo con sus amigos -la mayoría, musulmanes- un belén para instalarlo en el centro esta Navidad. Supongo que algo parecido habrá sucedido en los países a los que se ha llegado recientemente: Indonesia, Corea y Rumanía. Por las fotos que vi el verano pasado, el piso alquilado en Bucarest para este curso es muy pequeño, así que no sé cómo habrán hecho, pero los belenes pequeños también tienen su encanto.
PD: la foto es de un belén de Kazajstán, pero no el del centro... ¡no cabría!

