jueves, 17 de septiembre de 2009

Repartiendo pizza


Siguiendo el horario escolar, hemos recomenzado la charla del año pasado y el tema era el Primer Mandamiento. Nunca pensé que se pudieran sacar tantas consecuencias de un enunciado tan breve: amarás a Dios sobre todas las cosas. Me sirvió de base el guión que encontré en internet, en los resúmenes de vida cristiana.
Entre lo abstracto del título y el cansancio que tenía..., temía aburrir. Y justo esa mañana me topé unas palabras de Agustín de Hipona, mientras hacia la lectura espiritual, esa práctica que procuramos vivir a diario los del Opus Dei. Decía San Agustín que hay que buscar los medios "para que el catequista lo haga siempre con alegría, pues cuanto más alegre está más agradable resultará". Su argumento era: "si Dios ama al que reparte con alegría las cosas materiales, ¿con cuanta mayor razón amará al que reparte las espirituales?". Me vi dando charlas como un repartidor de Tele-Pizza. Como Dios es generoso, la alegría apareció en el momento oportuno y pasamos un rato genial, pensando en cómo amar a Dios por encima de todo.

4 comentarios:

alejops dijo...

Tener cerca a una persona alegre, de ésas que irradian luz a su alrededor, es un gozo. Y si se dedican a anunciar la fe y encima son inteligentes, "para qué queremos más". Muchas veces pido poder ir mejorando hasta parecerme, aunque sea un poquito, a alguno de los ejemplos que he conocido, de esas personas con cuyo contacto te entran ganas de ser mejor.

Dyas dijo...

Sí, tiene razón Alejops.
Y oye, ¿lo de "...y al prójimo como a tí mismo" ya lo borraron? Menos mal! Era un lío...

Angel dijo...

Ja,ja, me ha gustado el simil del pizzero. Tienes razón. Cuanta alegría debemos dar. ¿Si no lo hacemos que fe estamos viviendo? Y ésta es la que contagia de verdad. Gracias por tu reflexión

Angi Burt dijo...

Muchas gracias Alejops, Dyas, Ángel. La verdad es que me encanta la pizza. Y vuestros comentarios "me han alegrado" el blog!