martes, 2 de junio de 2009

Lecciones que da la vida

Estuve charlando con Josefina, la amiga a quien presté la novena del trabajo. Aunque aun no lo ha encontrado, está contenta porque ha hecho varias entrevistas y, al menos, hay movimiento: algo saldrá tarde o temprano. Lo que me sorprendió fue el comentario que me hizo sobre el folleto: lo que más le había gustado de la novena se condensaba en un pequeño punto de reflexión, al final del texto de uno de los días. Se trataba de un punto de Camino, el primer libro de Josemaría Escrivá, publicado en 1939, hace ahora 70 años. La frase decía así:
"Aspiración: Que sea yo bueno, y todos los demás mejores que yo." (Camino, 284)
Desde que me lo dijo, se lo había aprendido de memoria, me ha venido a la mente muchas veces.
A esto lo llamaría yo "santidad abierta" y una bondad -la de mi amiga- a prueba de bomba.

2 comentarios:

Castilla dijo...

Sí, está muy bien, es más fácil aspirar a ser bueno y todavía más desear que todos los demás sean mejores que uno mismo (¡precioso panorama!), que aceptarnos como somos.
Saludos.

Ángel dijo...

Vaya, no recordaba este punto, me ha hecho pensar y me ha "herido". Buena señal. Parte de ese no ser bueno está cuando pensamos demasiado en nosotros mismos, tenemos que buscarnos otras compañías.