domingo, 26 de abril de 2009

Reencuentro




El jueves estuve en una librería, aprovechando los descuentos del día del libro. Entré con cierta prisa y mirando poco. Al minuto se me acercó una chica sonriente, con los brazos abiertos y llamándome por mi nombre. No la había reconocido, pero ella a mí sí.
Era Ana, fue numeraria y con ella coincidí un par de años en una residencia universitaria. Me soprendió gratamente su mirada franca, abierta. Hablamos, me señaló a sus niños, mientras seguía buscando algún libro. Me despedí con el mismo cariño.
Fue todo tan fugaz que me fallaron los reflejos y ni siquiera pude decirle que aun hoy, después de varios años, siempre que escucho Tracy Chapman me acuerdo de ella. Cantaba, supongo que ahora también, de maravilla. Hay algún otro reencuentro que sigo esperando.

2 comentarios:

Ángel dijo...

A mi me ayudó, me ayuda, este de punto de Surco (348):

Es cierto que algunos que se entusiasman, después se van... No te preocupes: son aguja de la que se sirve Dios para meter el hilo.

—¡Ah, y encomiéndalos!, porque tal vez se puede lograr que continúen empujando a otros.

Me viene que ni pintado. Esto último ya es mío, no de san Josemaría.

Angi Burt dijo...

Tienes razón. La verdad es que rezar sí que rezo, las personas no se olvidan así como así.