viernes, 23 de mayo de 2008

Claro como el agua

Esta semana ha llovido tanto que no he podido jugar a tenis más que una vez. El entrenamiento del miércoles fue cortísimo, acabamos 10 minutos antes por chaparrón. Me decía Bego, una compañera, que el nuevo profesor no nos corrige nada y que así no hay manera de aprender, pero que a ella le daba mucha tranquilidad. (¿?)
Agradezco los buenos modales del profe, pero pienso que preferiría algunas orientaciones más concretas para golpear la bola con suavidad o dirigir mejor las voleas. Siempre he querido que me digan claramente lo que hago mal auqnue fastidie, puede uno corregirse o intentarlo, al menos. Lo aprendí en uno de los primeros libros con contenido espiritual que leí un verano en Cambridge, mientras mi compañera de cuarto comía manzanas. El libro se llama Ascética meditada y su autor es Salvador Canals. Tiene un capítulo sobre la corrección fraterna y explica muy bien lo que se recoge en los Evangelios.
PD: la foto no es de la pista sino de Bishara. Estuve a punto de hundirme en una sima, al tropezar en la playa, pero logré subir.

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