jueves, 10 de abril de 2008

Pataleo real


El martes estuvo en mi centro una amiga. Era su cumpleaños y habíamos quedado para celebrarlo. Lo que no sabía es que venía con criatura incorporada- Pedro José- que acababa de cumplir un año. A Pedrito ya lo conocía yo de muchas otras ocasiones, pero hacía un par de meses que no lo veía.
Nada más llegar ella me anunció que quería confesarse, pues el sacerdote estaba en ese momento libre y ahí empezo todo... Me dejó al niño, con la siguiente sugerencia, "Tú, enséñale a rezar mientras me confieso". Miré el reloj y calculé lo que tardaría en empezar a berrear... Ni 5 minutos, pensé. Nos paseamos por el oratorio arriba y abajo. Ante una sagrada familia bastante simpática no pestañeaba, miraba fijamente al Niño, como si reconociera a alguien muy familiar. Con el relieve del Ángel de la Guarda, empezó a hacer pucheros... y ya la lámpara del Sagrario le debió parecer un cacharro horrible. ¡La que se montó! El sacerdote tuvo que acabar los consejos a toda prisa... Pedrito tardó media hora en recuperarse y yo, más o menos algo parecido. Hasta le tuve que regalar mi paquete de kleenex. Después sonreía el muy gamberro. Y ella tan contenta.

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