viernes, 1 de febrero de 2008

...Y desde luego para morir

Ayer, como medio Madrid, estuve en el funeral de José Miguel, un supernumerario que falleció la semana pasada a causa de un cáncer fulminante. José Miguel, buen amigo de mis padres y padre de buenos amigos, era un tipo estupendo, un santo de esos que nos rodean y que hacen la vida mucho más agradable a los que tienen la suerte de estar cerca. Y además, José Miguel tocaba la guitarra y cantaba genial. Desde el Cielo, seguirá cuidando a su familia, a Rosario y a sus cinco hijos... y a los que somos del Opus Dei, que también somos su familia. En el tanatorio, lleno de gente y rodeada de muchas personas del Opus Dei, que nos habíamos acercado allí a rezar y a acompañar a la familia en esos durísimos momentos, Rosario me contaba detalles heroicos de la vida y la enfermedad de José Miguel. Cuando le pregunté como estaba, me dijo que "notando la Comunión de los Santos en vena" y añadió que en esos momentos comprendía más que nunca aquello que decía San Josemaría que el Opus Dei es el mejor sitio para vivir... y desde luego para morir".

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