sábado, 22 de diciembre de 2007

Enfermos y en buena forma

Vengo del hospital, de un gran hospital como los de Madrid, con miles de camas. Como es sábado, y la Navidad está próxima, los pasillos están casi vacíos. En la planta 11 está Conchi, una supernumeraria de mi centro. Le están haciendo una tanda de pruebas desde hace una semana y acaba de saber que no podrá irse a casa por Navidad, porque el día 26, a primera hora, tiene la definitiva. Le ha llevado la felicitación de Navidad que nos envía el Padre y se ha alegrado mucho. No se encontraba demasiado mal, solo es la intranquilidad que produce que te hagan pruebas y más pruebas, y sin saber cuál será el resultado. Además de no poder estar con los tuyos.
Tres plantas más arriba, está Mercedes, hace muchos años que arrastra un cáncer y estos últimos días está fracamente mal. Tenía los ojos cerrados, casi no puede comer y no lee bien por efecto de su enfermedad, pero sonreía. En la tarjeta, el Padre recuerda que San Josemaría solía pararse ante las figuritas del Belén y rezaba. Le leí unas frases que hablaban justo de eso: "Se palpaba su conversación con Jesús, con María y con José. De cuando en cuando, movía alguno de los presentes que habían llevado los pastores". Creo, Mercedes, que tú tienes muchos regalos que llevar a Jesús por todos los demás en estos días, le he dicho.

1 comentario:

Marta Salazar dijo...

muy bueno que nos cuentes de ello!

te pido un favor: hay gente que piensa que en el Opus Dei ensenan que hay que alegrarse de las enfermedades y dolencias, así, sin más y que, si no nos alegramos, somos poco menos que malos cristianos...

otra cosas es que: hay alguno/as que parece -y lo dicen- que fuera de "buen cristiano" ocultar las enfermedades, no decir nada sobre ellas... no reconocerlas. Tú sabes que vivo en Alemania y creo que hay algo de "complejo de super hombre/de super mujer" en esto, pero... ya que eres tan abierta y sencilla, tal vez nos podrías ilustrar sobre el tema...

Muchos saludos!