domingo, 9 de diciembre de 2007

Como perros y gatos: ¿peleas en el Opus Dei?

Me preguntaba el otro día una amiga cómo conseguíamos llevarnos bien en el centro en el que vivo. La convivencia, me decía, es difícil, y más entre mujeres, no logro entender cómo no os peleáis. Yo le aclaré algunas cosas, entre otras que, eso de que no os peleamos, es relativo. En los centros del Opus Dei se vive en un ambiente de familia. Desde el principio, San Josemaría entendió que lo que quería Dios de los centros de la Obra era que se parecieran mucho, cuanto más mejor, al hogar de una familia cristiana normal (o mejor, como él decía, al hogar de Nazaret). Por eso los centros no son ni conventos (no se vive en comunidad), ni cuarteles, ni comunas hippies. Otra cosa es que, el ambiente de familia hay que currarselo y que, como los del Opus Dei no somos santos, haya sus más y sus menos (como en toda familia que se precie). Y le conté a mi amiga la última batallita campal, que además protagonicé yo (sin pretenderlo). Resulta que el otro día, a la salida de la redacción, me encontré con una amiga que me dijo si no me interesaría un gato (sí, un gato, como lo leen). Le dije que la verdad es que no, pero como la noté agobiada, cedí. Pensé que, a lo mejor, el gato le podía interesar a otra amiga que tiene unos crios pequeños que van para veterinarios. Cargué con el gato en el coche y me lo llevé a mi centro ¡¡¡y allí estalló la hecatombe!!! Unas emocionadas y otras horrorizadas con el nuevo inquilino. El problema es que el gato tuvo que hacer noche en la casa...y nos dio la noche. No dejó de maullar, así que al dia siguiente, en el desayuno, la unanimidad fue total: o el gato o yo, decía cada una. Y claramente, el gato a la calle (bueno, a casa de mi amiga). Como esta batalla, hay algunas, así que lo de no pelearse... Otra cosa es que como en el Opus Dei uno intenta vivir la caridad, primera virtud cristiana, la sangre no suele llegar al rio y, además de enfados (puntuales), hay interés por las demás, afán de no ir cada uno a lo suyo, lucha por vivir el espíritu de servicio, ilusión por tener detalles... y más cosas que contaré otro dia.

3 comentarios:

Castilla dijo...

La historia del gato es muy tierna, me ha gustado. Son las cosas de la convivencia..., que nos pasa a todos.

Carola dijo...

Morí de la risa con tu historia, tan real como todo lo que escribes, siempre había querido un gato en la casa, pero había pensado que no sería posible por que algunas los odian y con tu historia lo he corroborado, también se ocasionaría una hecatombe jajajaj saludos!!

Angi Burt dijo...

Gracias, Carola, y ánimo con tu blog. No te pares.