domingo, 4 de noviembre de 2007

Al toro

Hace unos días Clara, que es una amiga mía que viene por el centro a medios de formación cristiana, me invitó a una capea con motivo de un acontecimiento familiar. La verdad es que nunca me han gustado los toros pero sí me encanta celebrar lo que sea, y si es con buena gente, mejor. Así que, muy de mañana -la capea se celebraba a tres horas de Madrid- cogí el coche y con otras de mi centro (que también estaban invitadas) y otra amiga de Clara enfilamos la N-V. Fue un día estupendo y muy completo, asistimos a Misa a un convento cercano y luego al campo, buena comida tipicamente española... y a la vaquilla. Aunque torear lo que se dice torear, poco, quizás porque después de unas cuantas carrerillas, el toro decidió comprobar si podía él meterse en el burladero... y lo consiguió. Así que los valientes -pocos y pocas- que habían saltado a la arena se lo pensaron dos veces. Yo me acordé bastante de Antonio Bienvenida, era torero y supernumerario del Opus Dei; un poco de su arte, no nos hubiera venido mal.

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