miércoles, 24 de octubre de 2007

Mártires y otras grandezas


¿Se puede dar la vida por Jesucristo? ¿Qué han hecho los cristianos a lo largo de la historia? Daban la vida queriendo -eso está claro-, pero no por propia elección sino porque alguien les presionaba, violentaba su libertad y les enfrentaba a un dilema con una única solución.

Un comentario en un blog, ridiculizando a Ignacio de Antioquía, que murió devorado por los leones en tiempos de Trajano (año 107), me ha hecho pensar que esa actitud, la de dar la propia vida por Jesucristo, sigue siendo difícil de entender... Se defienden las ideas mientras nadie se ofenda ni se ría y mientras nadie te lleve la contraria, pero si por creer hay que pagar algún precio -el prestigio, la fama, el trabajo o la vida- eso "ya hay que pensárselo dos veces; tampoco es para complicarse tanto...".

La vida de San Ignacio como la de tantos mártires de la historia cristiana muestra que tras la cruz solo veían a Cristo y desde ese enfoque a mí ya me parece mucho más comprensible lo que significa el sacrificio y la mortificación; lo que una privación corporal contribuye a identificarse con Jesucristo. En la Obra se aprende a vivir el sentido del sacrificio que siempre ha recomendado la Iglesia y normalmente las ocasiones de mortificarse se encuentran en la vida diaria no tanto entre las fieras del circo romano.

Creo que entiendo a los mártires y, en cambio, me resulta más difícil de comprender la actitud de los que motivaban el martirio: los emperadores romanos competían para ofrecer espectáculos cada año más aparatosos y el pueblo pedía sensaciones cada vez más fuertes... porque sólo le interesaba la sangre y las matanzas. Séneca -nada sospechoso- ya se había lamentado en el pasado de la espiral de violencia e inhumanidad a la que conducía este tipo de entretenimientos.

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