miércoles, 19 de septiembre de 2007

Opus Dei y familias numerosas


Después de la entrada sobre la Jornada de la Familia en Torreciudad alguien me pregunta si todos los del Opus Dei forman familias numerosas... ¡¡No lo sé!! Pero, por lo que veo, se da la misma variedad que en las familias cristianas que tratan de vivir responsablemente su matrimonio. ¿Qué podría decir en esto el espíritu del Opus Dei que no esté ya dicho por la propia Iglesia?

En el encuentro del 8 de septiembre -recojo un resumen interesante-, había familias grandes y familias pequeñas, si contamos el número de miembros. Algunas, con 5 ó 6 hijos, y otras, con uno o ninguno -como el chiste-. Los padres que se lanzan con generosidad a acoger la vida y se comprometen a educarles como buenos ciudadanos y buenos cristianos tienen un mérito enorme, pues la cultura políticamente correcta no lo facilita. También los padres a los que Dios no da hijos o da solo uno tienen un mérito enorme. Me parece que está claro que es una cuestión personal. A mí, como numeraria, ninguna amiga me ha pedido consejo sobre cuántos hijos tener, porque la respuesta sería clarísima: los que tú y tu marido decidáis con generosidad y viviendo la paternidad responsable. El resultado, ¿0,1, 2, 3, 6?, es lo de menos.
ANGI

1 comentario:

Ermi dijo...

Querida Angi: me ha gustado mucho como hablas de la familia en tu blog. Has debido tener buena experiencia. Yo vivo lejos, en Italia, a orillas del Tiber... y también, aquí y allí, tengo una familia extraordinaria. ¿Sabes? tienes razón: yo tampoco me imagino el Cielo sin los seres queridos de aquí abajo... así que Dios se las apañará. Hace unos días, uno de esos buenos amigos, que sabe de mi afición al relato, me contó una breve historia, que me encantó y que habla de eso que tú dices... "¿Porqué no me traen la comida de una vez? Cansado, intentó gritar a su mujer... pero no se acordó del nombre. Una vez más, fue consciente de su enfermedad y, como hacía siempre en estos casos, fue a la biblioteca, un elegante mueble de roble, y tomó la edición de lujo de sus memorias, escritas hacía ya tanto tiempo. Su licencia en Cambridge, la carrera de abogado, su estancia en la Casa Blanca. Al ojear las fotos del libro, su mirada quedó fija en una instantánea de su boda y, como en un triste fogonazo de su maltrecha mente, recordó la muerte de su esposa, ya casi olvidada. Se dejó caer en su cómodo sillón de orejas, con una mezcla de nostalgia y de la alegría de quien confía y deja que las cosas sigan su curso. Al poco, escuchó la voz de su mujer, esa voz amable y tantas veces añorada que anunciaba que la comida estaba servida. Se levantó ágilmente, y sintió una felicidad destinada a durar siempre".
¿Te imaginas? una felicidad destinada a durar siempre ¡¡chaval¡¡
Bene, Angie, un salutone e continua a parlare cosí bene della famiglia. Ci vediamo, Ermi.